Esta guía no le vende nada hasta el paso cinco. Le muestra qué pedirle a la inteligencia artificial, qué le va a entregar y en qué punto se atasca todo el mundo. Después hablamos de dónde la deja corriendo.
Reúna esto primero. Quien llega con estas cuatro cosas resueltas termina la tienda en una tarde; quien no, se pasa la tarde decidiendo.
Una frase, escrita. «Café de origen de Antioquia para oficinas de Medellín» sirve. «Productos de calidad» no sirve para nada.
Suyas, no de banco de imágenes. Es lo que más pesa en si le compran, y es lo que ninguna herramienta le va a resolver.
Con el IVA decidido y el costo de envío pensado. Si no lo tiene claro ahora, lo va a tener que rehacer después.
El nombre con el que la gente la va a encontrar. Cómprelo antes: cambiarlo después arrastra correos, facturas y buscadores.
Este es el paso que decide todo lo demás. A la inteligencia artificial no se le pide «hazme una tienda»: se le encarga como si le explicara el trabajo a alguien que lo va a hacer de verdad. Entre más específico el encargo, menos vueltas después.
Llene estos tres campos y el encargo se arma solo. Cópielo y péguelo en Claude o en la herramienta que use.
Arme su encargo
La última línea es la importante. Pedirle que le explique lo que hizo es lo que separa a quien queda con una tienda que entiende, de quien queda con una carpeta que no se atreve a tocar.
Va a recibir algo que se ve terminado. No lo está. Ábrala en su propio celular y compre algo usted mismo, de principio a fin, como si no supiera nada de la tienda.
Anote lo que se rompe y devuélvaselo a la IA en frases concretas: «el botón de agregar al carrito no se ve en celular», «el precio no muestra los puntos de mil», «después de comprar no me dice qué pasa ahora». Tres o cuatro rondas de esto y la tienda cambia de nivel.
Pruebe con alguien que no sea usted. Usted ya sabe dónde queda todo. Siéntese al lado de alguien que no, y cállese mientras compra. Ahí aparecen los problemas de verdad.
Esta es la parte aburrida y es la que nadie le va a hacer. Fotos suyas, precios reales, descripciones que digan algo. La tienda que la IA le entregó viene con productos de ejemplo: si los deja, la tienda se ve de ejemplo.
Si son muchos productos, ármelos en una hoja de cálculo —nombre, descripción, precio, foto— y pídale a la IA que los cargue desde ahí. Es más rápido que hacerlo uno por uno y le queda el catálogo en un archivo que puede volver a usar.
Aquí se atasca casi todo el mundo, y no por razones técnicas. Recibir plata en línea en Colombia exige estar formalizado: RUT, cuenta bancaria a nombre del negocio y un contrato con la pasarela de pagos. Eso toma días, no minutos, y no depende de la IA ni de nosotros.
Empiece el trámite el mismo día que empieza la tienda, en paralelo. La mayoría de la gente descubre este paso cuando ya tiene todo listo, y ahí pierde la semana.
Mientras tanto, puede vender. Publique con transferencia y confirmación por WhatsApp. No es elegante, pero factura desde el primer día y le dice si el producto se vende antes de que monte la pasarela.
La tienda existe en su computador. Para que exista para los demás tiene que correr en un servidor, todo el día, todos los días. Ahí hay dos caminos.
Uno es una plataforma que le cobra por usuario o por venta, en dólares, con una tarjeta personal. Funciona, y el día que el dólar sube o la tienda crece, la factura sube con ella.
El otro es un servidor suyo. Nosotros se lo entregamos con acceso completo, le apuntamos el dominio y lo dejamos corriendo. Precio fijo en pesos, respaldo incluido y soporte en español. Si mañana quiere montar el CRM al lado, cabe en la misma máquina.
Lo decimos en claro: este es el paso donde entramos nosotros, y es el único de los seis donde le vendemos algo. Los otros cinco los puede hacer sin LaPoint.
Publicar no es terminar. Una tienda que vende es una tienda que tiene que estar arriba el sábado a las once de la noche, que guarda los pedidos de sus clientes y que se puede devolver a como estaba si un cambio la rompe.
Tres cosas, y ya: respaldo automático, para poder volver atrás. Certificado de seguridad, para que el navegador no asuste al cliente. Y saber a quién llamar cuando algo falle, en su idioma y en su horario.
Se guarda en este navegador, en su equipo. Nosotros no lo vemos.
Todo el mundo le está contando lo que sí. Esta es la otra mitad, y es la que decide si su tienda vende o solo existe.
Media hora, sin costo. Si el problema es el paso cinco, le mostramos el servidor. Si es el cuatro, le decimos qué trámite le falta. Y si la tienda que montó le sirve tal como está, se lo decimos también.
Le montamos el servidor, apuntamos el dominio y la dejamos corriendo.
Revisamos qué está pagando hoy y qué costaría en pesos. Sin mover nada.
CRM, inventario, automatizaciones. Caben en la misma máquina.